28 marzo 2007

Moscow Zero

Si hay algún personaje del panorama cinematográfico español que merece un seguimiento ese es Luna aka María Lidón. Después de hacer buenas Misión a Marte o Planeta Rojo con la inenarrable Naúfragos, y tras redefinir el documental con la psicotrópica Yo puta, Luna se descuelga ahora con una de terror. Se podría discutir si Moscow Zero es o no la peor película de la historia, pero lo que es indiscutible es que estaría en la final. El presupuesto de la película es de unos diez millones de dólares, está claro que o les han timado con las linternas o tiene pinta de que todo es una tapadera para lavar dinero del narcotráfico o de la construcción.


Resulta que en las profundidades de Moscú viven una serie de tribus urbanas, cada una controla un nivel. Según sus leyendas cuando el río se seque se abrirán las puertas del infierno. Con estos mimbres el anciano Sergei se obsesiona con el tema y se va para allá. Preocupado por su desaparición llaman a Owen que es cura (y americano) para ir a buscarle acompañado de unos rusos y una guía rusa del submundo que luego le besa. Así que la película se resume en un viejo con linterna hablando solo recorriendo un túnel, una niña muy pálida que recorre un túnel a oscuras sin hablar con nadie y los rescatadores que recorren un túnel con linternas sin que a nadie le importe lo que hablan.


Además de ser una película cutre, mal dirigida, peor interpretada y lamentablemente escrita, Moscow Zero repite las imágenes una y otra vez. Tenemos la escena de una niña corriendo por un pasillo y metiéndose por un agujero puesta cada cinco minutos. Esto puede parecer una exageración pero es auténtico repiten la misma puta escena una y otra vez, supongo que para lograr que la película llegue a los 80 minutos que debe ser El Santo Grial que logra que la mierda se venda como cine.


Preguntas sin respuesta: Si te metes en las profundidades de Moscú y vas bajando de nivel una y otra vez, ¿cómo puedes acabar saliendo en el tercer piso de una iglesia? ¿Por qué aparece Val Kilmer? ¿Qué poder oculto tiene Luna sobre Vincent Gallo y Joaquim de Almeida? ¿Es Oksana Akinshina la peor actriz de rusia? A pesar de todo yo sigo siendo fan de Luna, espero que se atreva en la próxima con una del oeste.


Recomendada para los que encienden mecheros en los conciertos.

19 marzo 2007

La vida de los otros

Llevo un año fino, cada vez que aclaman algo y voy a verlo salgo trasquilado. Se pregona que la flamante ganadora del Oscar La vida de los otros es una obra maestra. Después de verla y no dormirme lo único que puedo decir es que algo me pasa a mí o al resto del mundo, pero como yo estoy bien, gracias, algo va mal en el mundo.

¡Minuto y resultado!

Basada en hechos reales la película narra el cambio que se produce en un oficial de la Stasi que vigila a un dramaturgo sospechoso de ser infiel al regimen. El problema es que la piedra angular sobre la que se apoya el edificio está mal puesta. No se sabe por qué coño este José María García teutón se cambia de bando, porque con un suicidio y una sonata no creo que se ablanden muchos corazones. Menos aún siendo un alto oficial que tiene que saber, sí o sí, lo que se cuece en las cocinas de la dictadura.


Pero lo peor de todo es que con esos mimbres se podría haber construido una gran película. Tanto por el protagonista como por la relación entre la pareja espiada. Al final todo queda en una oportunidad perdida con un inicio prometedor y un bonito final pero con un tedioso desarrollo.


El director, Florian Henckel von Donnersmarck (tenía que escribirlo), va en plan Juan Palomo y se escribe la función sin saber muy bien como dar ritmo y administrar la trama. Así que llegados al desenlace empieza con saltos temporales que se hacen eternos y que no aportan nada más que una excusa para que el protagonista descubra que pasó. Con un plano y una elipsis se podría haber solucionado, pero como director primerizo e inseguro no confía en el público y alarga la función más allá de lo razonable.


Reomendada para los que pegan la oreja a la pared del vecino.

12 marzo 2007

The host

¿Es la mejor película de monstruos de la historia? No. De hecho ni siquiera es una película de monstruos decente. The host es un montón de mierda que por momentos es dolorosa de ver. Este esperpento sigue una curiosa costumbre oriental de pasarse el guión por el arco del triunfo y conseguir que la gente exclame ¡Ooooh!


La película empieza bastante bien con la aparición del monstruo y una larga persecución en la que se lleva a la hija del protagonista. Llegados a este punto se olvidan del monstruo y de la lógica. A partir de ese momento empezaremos a seguir las estúpidas peripecias de la familia de la niña. Los personajes oscilan entre la idiotez más absoluta y el encefalograma plano. El marco en el que encierran la historia no se sostiene y es absurdo. ¿Cómo puede ser que haya un monstruo correteando por la ciudad comiendo gente y no manden al ejercito a matarlo? En lugar de eso se dedican a hacer análisis de sangre al protagonista y a fumigar, como lo oyen.


Se ha alabado que la película vaya más allá del género incluyendo critica social y política, además de oscilar entre el drama y la comedia. Realmente lo que logra es una empadana que no hay quien la digiera. No hablaré sobre el final en sí de la película, que es para pegar una paliza a los creadores, pero no puedo evitar señalar que los excelentes efectos especiales, también muy celebrados, son espectacularmente malos en la escena final.

En resumen, una película que empieza como Godzilla y acaba como Las tortugas ninja.

28 febrero 2007

La ciencia del sueño

El aficionado al cine de terror o a las películas teen asume que para ver una buena película del género va a tener que tragarse un montón de basura. Sin embargo, los aficionados al cine raro asumen que cualquier película que se salga de lo común por cualquier motivo, realización, guión, etc... es buena per se.


Michel Gondry debutó en Human Nature con un guión de Charlie Kaufman, la película es una castaña pilonga pero la misma pareja repitió con ¡Olvídate de mí! con unos resultados espectaculares. Ahora Gondry se adentra el solito, en plan Juan Palomo, con el guión y la dirección de La ciencia del sueño. El resultado es bastante chusco.


Stéphane Miroux vuelve a Paris desde México tras la muerte de su padre. Con este punto de partida Gondry teje un todo vale intolerable. No sabemos por qué o para qué vuelve el protagonista, de hecho el tema del padre se deja de lado, lo mismo que su madre y todo lo demás. Sin embargo, Stéphane está enfermo (¿esquizofrénico?) y confunde la realidad con sus sueños y se enamora de una amiga de su vecina. Pero luego cambia de opinión y decide enamorarse sin venir a cuento de Stéphanie (la vecina). A partir aquí Gondry se tira al monte y con la excusa de meter bonitas escenas oníricas y ensalzar el reciclaje del cartón se dedica a pasar el tiempo hasta que la película se acaba. Los más llamativo son las escenas que ocurren dentro de la cabeza de Stéphane y que no aportan absolutamente nada a la película pero quedan super cool.


Con la excusa de los sueños hace lo que le viene en gana para espanto del espectador y mezcla sin orden ni concierto realidad y ficción, en este momento uno sospecha que el enfermo no es Stéphane si no el propio Gondry y los que le han dado dinero para filmar semejante disparate. Si algo se puede salvar de la película es la simpatía de Gael García Bernal y la gracia de Alain Chabat. A pesar de que miles de personas la adoran, el sex appeal de Charlotte Gainsbourg es algo que no llego a entender pero será un tema de gustos.

En fin, película de temporada que pasará al olvido en cuanto aparezca la nueva marcianada de moda.

17 febrero 2007

Cartas desde Iwo Jima

Banderas de nuestros padres, la versión americana de la Guerra de Estados Unidos contra Japón, era una película que resaltaba la diferencia entre los soldados y su patria. Todos esos chicos que sufrían en la guerra y se apoyaban los unos a los otros y morían y lloraban y perdían a sus compañeros, estaban ahí como parte irrevocable de un engranaje despiadado para ganar una guerra comercial, para apoyar una campaña de marketing mundial en la que salía victoriosa una bandera, o sea los líderes que ésta representaba.

En Cartas desde Iwo Jima, Clint Eastwood nos cuenta que en el otro bando la patria y los soldados van unidos. Japón está presente en cada uno de los soldados y de los oficiales del ejército nipón. Japón es su razón de ser, y la vida no importa, ni el compañero, porque no hay nada que tenga más importancia que el honor y el emperador. Y si hay que morir se muere, y si un americano te va a disparar, sé un hombre y suicídate primero.



Así que Eastwood reparte cartas. La película es distinta. La otra cara de la moneda cuenta la historia de unos hombres perdidos que luchan sin recursos, con una marina destrozada contra un ejército rico que los va a masacrar.

Pero para hacer esto el director nos tiene preparada una carta estupenda. El oficial al mando japonés, Tadamichi Kuribayashi (inconmensurable Ken Watanabe) ha tenido una estrecha relación con América. Para el resto de batallón es un simpatizante de los americanos y lo miran con recelo. Así que a través de una serie de flashbacks el director nos cuenta pequeños detalles acerca de este acercamiento de los dos países. Estupenda la escena de la recepción americana en la que le preguntan a Kuribayashi que en qué bando lucharía en caso de guerra y la mujer del comandante americano le dice a su marido que pobre de él, como tenga que enfrentarse a semejante general.

Clint Eastwood aprovecha esta relación del general con América para comparar ambas sociedades y todo lo hace a través de los ojos de dos chicos, dos soldados japoneses, un ex soldado de élite proscrito de la compañía por sus convicciones y Saigo, un panadero, padre de una niña que no conoce y que lo único que quiere es volver a casa.

Ambos se plantean si no será que los americanos son buenas personas. Si no será que en su país se equivocan y a lo mejor eso del honor es una patraña.


Ken Watanabe:
El Gregory Peck nipón

Para contestar a todo esto Eastwood juega sus cartas desequilibrando y volviendo a equilibrar su discurso, y poniendo las cosas en su sitio. Entonces muestra su juego y llega a la conclusión de que el honor a una patria no se puede imponer, que empieza siendo hacia su prójimo y hacia sí mismo. (no leas más si no la has visto) Porque Saigo aún sabiendo que está a salvo, rodeado de americanos que han ganado la guerra y que no tienen ninguna intención de matarlo se juega la vida, para luchar por el honor de su amigo, de su general muerto, y se mantiene en pie, como un héroe con una pala como única arma. El que se iba a entregar unos días antes, está luchando contra un montón de soldados enemigos apuntándole a la cabeza.



Y Eastwood es tan elegante que ni siquiera nos muestra su vuelta a casa. Pero nos muestra a Saigo mirando el mar. Su mar, el de Japón. Su país sigue ahí y lo espera.

La misma imagen que vio por última vez El general Kuribayashi que dio su vida por el imperio, pero antes, por un soldado que merecía conocer a su hija.